Pentecostés - La venida del Espiritu Santo

pentecostesA todos mis queridos hermanos de Las Aguas:

No quiero que pase esta celebración litúrgica tan importante en la Liturgia de la Iglesia sin tener una reflexión con vosotros. Soy responsable de la Formación de los hermanos y mi misión es colaborar a que podamos desarrollar al máximo la semilla de nuestra fe, sembrada en nuestro corazón por el bautismo y que, con el tiempo, nos ha permitido coincidir y unirnos en esta experiencia común de pertenecer a nuestra querida Hermandad de Las Aguas. Nos reúne a todos nosotros la advocación de nuestros Sagrados Titulares y por ello tenemos, como comunidad cristiana que somos, una llamada común, una vocación íntima a desarrollar y una misión dentro de nuestra Iglesia.

Deseo hacer con vosotros esta reflexión en voz alta, porque siento que esta fiesta tiene que ver de modo especial con nuestra Hermandad, con nosotros. Personalmente pienso que la fiesta de LA VENIDA DEL ESPIRITU SANTO resplandece de modo especial entre nosotros. Y ello es así porque toca el corazón mismo de nuestra espiritualidad, aquella que nos define como Hermanos de Las Aguas, y que estamos llamados a vivir intensamente como cristianos y como hermanos de Las Aguas.

Fijaos con atención lo que dice nuestra REGLA 11.ª que pertenece al Título Segundo: DE LA ESPIRITUALIDAD DE NUESTRA HERMANDAD. Yo voy a subrayar lo que creo que es importante.

“La espiritualidad que define nuestra Real Hermandad y Archicofradía está en Jesucristo crucificado, Sabiduría de Dios, que se nos muestra como el manantial que nos trasmite el Agua viva del Espíritu Santo.

El título de Santísimo Cristo de las Aguas nos recuerda las palabras de Jesús que le dan su verdadero significado: “El que tenga sed, que venga a mí; el que crea en mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva. Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él” (Jn 7, 37-39)”

Deseo subrayar lo que siempre me ha llamado la atención y lo he comentado más de una vez con los hermanos:  En esta Regla nº 11 aparece lo que   caracteriza la espiritualidad de nuestra Hermandad, es decir, la experiencia cristiana que debe iluminar y alimentar nuestra vida de hermanos de Las Aguas; el motorcito interior que debe animarnos. Nuestra espiritualidad, nos dice claramente nuestra Regla, está en Cristo crucificado, Sabiduría de Dios… La imagen de Nuestro Santísimo Cristo de Las Aguas es, en verdad, la imagen de un Cristo Crucificado y Muerto, pero con la connotación y el vínculo de que su muerte es sanadora y vivificadora: Él, a través de su costado abierto, del que recibe el Ángel en el cáliz la sangre y el agua, se nos muestra como el manantial que nos trasmite el Agua viva del Espíritu Santo.

Nuestra espiritualidad está en acoger y recoger en nosotros esta invitación de Jesús a beber: “El que tenga sed, que venga a mí; el que crea en mí, que beba. De sus entrañas manarán torrentes de agua viva”.  Y esta presencia del Agua Viva en nuestras vidas no es otro que el Espíritu Santo. Él es el manantial de Agua Viva que brota dentro de nosotros. Este nombramiento de la Persona Divina del Espíritu Santo en nuestra Regla y de modo especial en nuestra espiritualidad, debe llenarnos de alegría y entusiasmo. La Misión del Espíritu Santo en el plan de Dios es la de llevar a cabo en la humanidad de todos los siglos, hasta la Segunda venida Gloriosa de Cristo, la obra de la Salvación realizada por Jesucristo muerto y resucitado en el mundo. Desgraciadamente el Espíritu Santo es el gran desconocido en la Iglesia. Y, como nos dice nuestra Regla, tomado del Evangelio de San Juan, debemos dejar brotar dentro de nosotros el torrente de Agua Viva que es el Espíritu Santo. Nosotros somos su templo y Él habita en nosotros. Él se encarga de renovarnos y modelarnos a imagen de Jesús. Vive y actúa en nosotros desde nuestro bautismo y, en la edad que nos vamos responsabilizando de nuestra propia vida, le recibimos en el sacramento de la Confirmación para hacernos testigos de Cristo, como los apóstoles el día de Pentecostés. Por eso en nuestra Hermandad tenemos ya el Curso abierto de preparación a la Confirmación, para recibirlo en su momento y hacernos fuertes en el Señor. Como hermanos de Las Aguas debemos, pues, conocerlo cada día más y, sobre todo, familiarizarnos con él para dejarlo actuar en nosotros y enriquecer nuestra Hermandad y nuestra Iglesia.

Hermanos, yo me comprometo a través de estas Reflexiones en Voz Alta de nuestra página web a seguir profundizando en la presencia del Espíritu Santo, en sus dones, en su misión y en la necesidad que tenemos de Él en nuestro Mundo, en la Iglesia, en nuestra Hermandad, en nuestras familias y en nuestras vidas.  De momento, os dejo dos cositas:

  • Una oración del Papa Juan XXIII:

“¡Oh Espíritu Santo Paráclito, perfecciona en nosotros la obra iniciada por Jesucristo; ¡haz fuerte y continua la plegaria…, acelera para cada uno de nosotros los tiempos de una profunda vida interior! Qué ninguna atadura terrena nos impida hacer honor a nuestra vocación; que ningún interés, por negligencia nuestra, mortifique las exigencias de la justicia; que ningún cálculo reduzca los espacios de la caridad a la estrechez de los pequeños egoísmos. Qué todo sea grande en nosotros”. 

  • La Secuencia o Himno de la Misa de la fiesta de Pentecostés:

Ven, Espíritu Divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don en tus dones espléndido;

luz que penetras las almas;

fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le falta por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

                                                                                    

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma al espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.

                  

 

 

 

 

Javier Bermúdez Aquino

                   Consiliario de Formación