EL TALLER NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DORARÁ LA NUEVA PEANA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO
En la tarde de ayer, lunes 30 de octubre, cumpliendo con lo acordado por la Junta de Gobierno en Cabildo de Oficiales, ha tenido lugar la firma del acuerdo con el taller de dorado Nuestra Señora del Carmen, para que sea el encargado de realizar la segunda fase de la nueva peana procesional de Nuestra Señora del Rosario.
Dicho taller, fue fundado en los años cuarenta por Antonio Sánchez González, a quien Joaquín Bellido Serrano tomó el relevo. Hoy en día es Manuel Verdugo quien desarrolla su actividad, con trabajos de altísima calidad. Su especialidad en el dorado y restauraciones de pasos, altares y decoración religiosa le han llevado a realizar brillantes trabajos, la mayoría de ellos sobradamente conocidos por todos. Así, entre sus numerosísimas obras podemos destacar, con Antonio Sánchez, el dorado del retablo de la Capilla de los Marineros y altares de la Basílica de la Macarena; y más recientemente, el de pasos sevillanos como los del Cachorro, la Paz, el Baratillo, San Gonzalo, el Cautivo de Santa Genoveva o San Pablo.
La peana ha sido diseñada por D. Pedro Palenciano Olivares y tallada por D. José Ángel Banegas Banegas, siendo estrenada en la procesion de nuestra titular letífica por las calles de la feligresia del pasado 21 de octubre.
REGRESA EL HORARIO DE INVIERNO A LA CAPILLA
Una vez pasado el cambio de hora, la Capilla de Nuestra Señora del Rosario retorna a su habitual horario de invierno.
¿Para qué no soñar?
En noche tormentosa, de gran cantidad de agua y mucho aparato eléctrico, nada que ver con el clima semiveraniego que disfrutamos hoy, se produjo uno de los momentos históricos más tristes del siglo XX en cuanto a nuestras cofradías se refiere. Ninguno de los fieles hermanos de aquella humilde, sacrificada y silenciosa Hermandad de las Aguas podía figurarse lo que el destino les deparaba. Los truenos resonaban en son de presagio que bien podía parecerse al de aquel primer Jueves Santo. Los rayos iluminaban con intermitencia ambas Cavas.
En ese territorio añejo y pretérito había una construcción que se asomaba con descaro y chulería a ambos lados de aquella Triana desde donde surgía la linde entre civiles y gitanos. La Iglesia de San Jacinto era un lugar sólido, robusto e impenetrable entre tejados alfareros y sencillos patios de vecinos donde los arriates tragaban a borbotones lo que el cielo les enviaba. En el interior del Templo dormitaban cuatro sentires trianeros traídos por los siglos en forma de devociones. Cuatro emociones trabajadas en los corazones de las gentes de un barrio barrio. Cuatro flores que hoy perfuman desde la calle San Jacinto (muy cerquita donde antaño), desde la Calle Pureza, desde la Calle Evangelista y desde la Calle Dos de Mayo (más cerca de Triana, imposible).